ORIGINAL. Revista 50, Septiembre 2026.
María Victoria Zunzunegui y Alicia Zunzunegui.
Respectivamente investigadora en epidemiología del envejecimiento y médica especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
Introducción
La lectura de un reciente artículo sobre la tendencia creciente de la mortalidad por caídas en personas mayores en Estados Unidos (1), nos ha llevado a examinar las estadísticas de mortalidad por caídas en España. Según el Instituto Nacional de Estadística, se puede constatar que en 2025 hubo 4172 defunciones por caídas accidentales en mayores de 65 años y además la mortalidad por caídas ha crecido en los últimos 25 años, duplicándose en todos los grupos de edad, tanto en hombres como en mujeres (figura).
Las personas mayores que mueren por una caída accidental han sido frecuentemente hospitalizadas. En un estudio reciente en Lituania, el 61% de ellas habían sido hospitalizadas en el año previo a su muerte al menos una vez y 38% dos o más veces. Estos resultados indican que se deberían de adoptar “estrategias integradas de prevención de caídas, un mejor seguimiento tras el alta y una atención coordinada entre los servicios de urgencias, hospitalarios, de atención primaria y comunitarios para reducir la mortalidad por caídas entre las personas mayores” (2).
Siguiendo el razonamiento de Farley (1), no hay motivos para suponer que las personas mayores de hoy estén en peor estado de salud o tengan peores hábitos de vida o peor situación económica que las de hace 25 años. De hecho, en España el aumento de la esperanza de vida en buena salud a los 65 años sugiere que actualmente los mayores, tanto hombres como mujeres, tienen mejor salud y capacidad funcional que en el año 2000. Por el contrario, hay razones para suponer que el aumento en la mortalidad por caídas se debe al enorme aumento en el uso de algunos fármacos, algo que se podría modificar con cambios en la prescripción médica.

En personas mayores de Estados Unidos se observa un aumento de la polifarmacia, presente en más de un tercio de mayores de 65 años en 2021-2023. Y, aunque hubo disminución del uso de benzodiacepinas y analgésicos opioides, aumentó el uso de relajantes musculares y antidepresivos (3).
La polifarmacia, definida como el uso concurrente de cinco o más medicamentos, afecta al 40% de las personas mayores de 65 años europeas según una revisión sistemática (4). La polifarmacia aumenta el riesgo de hospitalización por caídas accidentales, de forma independiente al número de trastornos crónicos, hábitos de vida y medicamentos asociados al riesgo de caídas. En una clara relación de dosis respuesta, el riesgo de caer aumenta a medida que aumenta el número de medicamentos utilizados (5).
La polifarmacia es más frecuente en personas con bajos ingresos, algo confirmado en un estudio realizado en La Rioja donde se observó la fuerte asociación entre bajos ingresos y mayor carga farmacológica en personas con polifarmacia (6). Además, las personas con bajos ingresos son las que menor probabilidad tienen de recuperar su movilidad en el barrio donde viven después de recibir el alta hospitalaria por un evento agudo, lo que les confiere un doble riesgo (7).
Varias publicaciones españolas han constatado el aumento en la utilización de los medicamentos psicótropos y en especial el aumento de la prescripción de antipsicóticos en personas mayores, particularmente en personas con demencia (8) y en la población que vive en residencias de personas mayores (9).
Un reciente trabajo realizado en un hospital de Sevilla llama la atención sobre el aumento de la prescripción de los antipsicóticos de larga duración de segunda generación por vía oral (second generation antipsychotic, SGA: quentapina, olanzapina, aripripazole y risperidona) sustituyendo casi completamente a los antipsicóticos de primera generación (First generation antipychotics, FGA: haloperidol, clodiapina y levopromacina). La sustitución se justifica porque los fármacos de segunda generación tienen menos efectos secundarios que los de primera generación y a pesar de que el precio es 13 veces mayor: con SGA el tratamiento por paciente cuesta 353 euros comparado con el coste equivalente de 27 euros para el tratamiento con FGA (10).
No solo ha aumentado el uso de antipsicóticos sino también el uso de otros fármacos que aumentan el riesgo de caídas (o medicamentos FRIDs por sus siglas en inglés: Fall risk increasing drugs). En la siguiente tabla se muestra la lista de fármacos incluidos como FRID:
C: Sistema cardiovascular
►► C01A: Glicosidos cardiacos
►► C01BA: Antiarritmicos Clase IA
►► C01D: Vasodilatores utilizados en enfermedades de corazón
►► C02: Antihipertensivos
►► C03: Diureticos
►► C07: Betabloqueantes
►► C08: Bloqueantes del canal de calcio
►► C09: Antagonistas de los receptores de la angiotensina
G: Sistema genitourinario y hormonas sexuales
►► G04CA: Antagonistas de los receptores alfa-adrenérgicos
N: Nervous system:
►► N02A: Opioides
►► N04: Antiparkinsonianos
►► N05: Psicolepticos
–– N05A: Antipsicoticos (excepto lithium)
–– N05B: Anxioliticos
–– N05C: Hypnoticos
►► N06A: Antidepresivos:
Referencia: Beunza-Sola M, et al. Postgrad Med J 2017;0:1–5. doi:10.1136/postgradmedj-2017-135129
Beunza-Sola ha documentado el aumento de la utilización de medicamentos FRID un mes después de la hospitalización por fractura de cadera (11). En 252 pacientes admitidos al hospital por fractura de cadera, 91% usaban algún medicamento FRID con una media de 3,1 medicamentos. Un mes después, la media aumento a 3,4 con aumentos significativos en hipnóticos y antidepresivos; la mayoría de las nuevas prescripciones se realizaron en el momento del alta hospitalaria y más de la mitad de ellas fueron realizadas por geriatras.
Esta falta de reducción de FRIDs, o incluso de su aumento, después de haber sufrido una lesión por caída y tras una consulta con un profesional de la salud observada en España (11) ya se había reconocido en una revisión sistemática internacional (12) donde se informaba que entre el 65 y el 93% de los pacientes con caídas que requerían cuidados sanitarios utilizaban algún medicamento FRID en el momento de la caída y este consumo no se había reducido en un seguimiento después de la caída. También, otro estudio americano informa sobre el aumento de prescripción de medicamentos con efectos cognitivos (antipsicóticos, anticolinérgicos y benzodiacepinas) en entornos de atención aguda o post aguda (urgencias y hospitales): El 14,2 % de los pacientes sin deterioro cognitivo, el 17,2 % de los pacientes con deterioro cognitivo y el 21,9 % de los pacientes con demencia que iniciaron un nuevo fármaco con efectos sobre la función cognitiva recibieron la prescripción en un entorno de atención aguda o post aguda y estas prescripciones tienden a quedarse en la medicación del paciente (13) .
Los estudios longitudinales han demostrado el perjuicio de acumular exposición a psicótropos. Un estudio longitudinal de personas mayores seguidas durante 20 años en Holanda ha demostrado que la exposición acumulada durante largos periodos de tiempo a medicamentos anticolinérgicos y sedativos aumenta el riesgo de deterioro físico y cognitivo en la vejez (14). En favor de la prevención, otros estudios han demostrado que los hábitos saludables están asociados a una reducción del uso de antidepresivos y ansiolíticos. Por ejemplo, un estudio longitudinal realizado en Barcelona muestra que la dieta mediterránea y la actividad física están asociadas a una reducción del uso de antidepresivos, ansiolíticos, antipsicóticos, hipnóticos y sedantes (15).
Conclusión y propuestas
La mortalidad por caídas en la población mayor puede ser una señal de alarma sobre las consecuencias letales del abuso de los medicamentos por la población mayor. Parece urgente tomar medidas.
Teniendo en cuenta la bibliografía se identifican varios factores que deberían ser objeto de vigilancia y posible intervención clínica, ya sea por la modificación de las pautas de tratamiento o por su deprescripción.
Estos factores son: la polimedicación y el uso de medicamentos inapropiados, el uso de algún medicamento de la lista FRID después de una hospitalización por caídas accidentales, el uso de antipsicóticos de segunda generación, en especial en personas con demencia, y el uso de antidepresivos.
Proponemos las siguientes intervenciones, algunas ya en marcha y otras quizás innovadoras:
- Revisión anual de la medicación de las personas mayores de 75 años por un equipo interdisciplinar que incluya al médico y al farmacéutico en Atención Primaria. Ya hay iniciativas en esta dirección:
- La integración del Farmacéutico de Atención Primaria en el equipo asistencial promueve la realización de la revisión de la medicación centrada en la persona en pacientes mayores de 75 años. Esta iniciativa está en curso en algunas CCAA.
- En Navarra se ha utilizado el criterio STOPP para identificar medicación inapropiada y se ha evidenciado que un enfoque multidisciplinar en una clínica comunitaria reduce la medicación inapropiada y la polifarmacia y se ha propuesto la revisión de los medicamentos antes del alta hospitalaria en aquellas personas que han sido ingresadas en el hospital por una caída. La reducción de riesgo en aquellos hospitalizados por fractura de cadera debe incluir la revisión y posible modificación de su medicación (16).
- Establecer protocolos para la revisión de medicación de personas que fueron hospitalizadas por fractura de cadera y reducción del uso de medicamentos FRID.
- Revisión de uso de medicación antipsicótica y anticolinérgica en personas con demencia.
- Apoyo en Atención Primaria para la prescripción social de dieta mediterránea (nutricionista) y actividad física (profesionales de actividad física).
Estas líneas de actuación deberían ser apoyadas desde los Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas: a) financiando la investigación que permita evaluar los resultadoy b) financiando la formación continua de los profesionales sanitarios en especial de los equipos interdisciplinares de Atención Primaria que atienden a las personas mayores de más de 75 años.
Referencias:
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