La cantera

ORIGINAL. Revista 50, Septiembre 2026.

Antonio Pujol de Castro.

Médico Titular del Estado, Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública. Doctorando por la Universidad Autónoma de Madrid.


Con motivo de la edición número 50 de la Revista AAJM, me propusieron que colaborase haciendo una pequeña reseña. Para mi es todo un honor poder escribir estas líneas y que compartan edición con las escritas por profesionales y referentes en el ámbito del activismo sanitario con mucho más renombre y recorrido. No obstante, precisamente por encontrarme en los primeros años de mi carrera profesional, creo que puedo aportar una mirada diferente: la de una generación que ha recibido un legado de derechos y conocimientos, pero que también se enfrenta a unas condiciones materiales y sociales distintas.

Cada generación tiene sus retos, pero actualmente asistimos a varios procesos simultáneos con una característica común: desplazan los costes hacia la sociedad mientras reducen nuestra capacidad colectiva para intervenir sobre sus causas.

  1. La colectivización de los riesgos pero privatización de los beneficios. Las empresas, con el beneplácito de los gobiernos, desarrollan y continúan con formas de producción que les generan grandes ingresos, a costa de un riesgo para la humanidad (emisiones de CO2, inteligencias artificiales, armas nucleares, etc.).
  1. La individualización de problemas colectivos. ¿Sientes malestar? Tal vez sea por tus condiciones laborales precarias, tu relación de pareja abusiva, tu inseguridad habitacional, los discursos de odio y violencias que sufres por tu condición vital, etc. Sean cuales sean las causas, la única puerta que a pesar de los recortes sigue abierta, es la de los servicios sanitarios, donde todos estos malestares se van a individualizar mediante etiquetas diagnósticas, y van a ser abordados con medidas farmacológicas, obviando todos los determinantes sociales previamente descritos, cuyos abordajes son complejos y requieren de una reflexión y acción colectiva.
  1. La gobernanza de la élite. Las decisiones importantes se toman en despachos a puerta cerrada. Las negociaciones son opacas. Como ciudadanos hemos de confiar en que las personas que nos gobiernan son las más preparadas para ello, que son sujetos racionales que mediante ciencia y objetividad buscan el beneficio de la colectividad.

Estos procesos no son ajenos al ámbito del medicamento. La industria farmacéutica es la más rentable gracias a su éxito en la captura corporativa de las políticas públicas. Mediante la compra de legisladores, científicos, prescriptores y la sociedad civil, han conseguido blindar internacionalmente su monopolio. Todo esto genera de manera efectiva un negocio que supone un obstáculo para el acceso al medicamento.

La juventud juega un doble papel en esta situación:

  • Por una parte, es la que más tiene que perder. Las generaciones anteriores han luchado por conseguir los derechos con los que hoy contamos. Con toda una vida por delante, tenemos tanto una mayor probabilidad de que estos derechos se pierdan, como de sufrir las consecuencias de las tendencias que hoy están en marcha.
  • Por otra parte, es a la que le toca activarse. Las generaciones más veteranas han sido y están al pie del cañón, pero ¿durante cuánto tiempo?

Las decisiones que hoy tomemos sobre propiedad intelectual, financiación, investigación, regulación o acceso determinarán las condiciones en las que nuestra generación, y las que vengan después, podrá ejercer su derecho a la salud. Cada vez vemos más colectivos de juventud movilizándose por la lucha contra el cambio climático y por la democracia. Pero, ¿estamos sabiendo transmitir la importancia de la reivindicación en el ámbito del acceso al medicamento?

Desde mi punto de vista, no basta con tener buenos argumentos: tenemos que ser capaces de transmitirlos, organizarnos y, sobre todo, incorporar a quienes todavía no forman parte de esta conversación. La cantera no solo somos quienes estamos empezando ahora. Son también quienes todavía no saben que esta lucha les afecta. Nuestra tarea es encontrarlos, escucharlos y construir con ellos.

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