- La novela “Canallas”, de José Ramón Rebollada, refiere los crímenes de lesa humanidad cometidos por la BigPharma durante la pandemia por COVID 19 por sus trabas al acceso a las vacunas
ORIGINAL Revista 49, Junio – Julio 2026
Pablo Martínez Segura
Comisiones Editorial y de Redacción de la rAJM.

La reciente publicación de “Canallas” (junio de 2026, El Garaje Ediciones), tercera novela de José Ramón Rebollada, periodista y director de documentales, desde una rigurosa documentación, arma el relato de la reivindicación de dignidad y justicia para las víctimas de la COVID 19 que no tuvieron acceso a las vacunas por los manejos de la BigPharma, que antepuso los fabulosos beneficios económicos obtenidos a la vida de las personas. Una ficción en la que lo único inventado son los protagonistas, pero en la que los hechos son, desgraciadamente, rigurosamente ciertos.
El autor, en la siguiente entrevista nos desvela, sin hacer spoiler, las claves y motivaciones de esta obra, cuya lectura recomendamos vivamente.
P.- ¿Quién es José Ramón Rebollada y por qué escribe novelas?
R.- Un modesto periodista de pueblo, comprometido con la defensa de la verdad, y convencido de que es necesario, imprescindible, que la verdad se conozca. Me gusta mucho esa cita cristiana que dice: “La verdad os hará libres”, aunque luego son los propios cristianos los que atentan contra ella desde hace siglos.
¿Por qué escribo novelas? Por pura necesidad terapéutica. Observo lo que me rodea, y muchos de los acontecimientos, las realidades que conforman la vida, me enfurecen, me indignan y sacan lo peor de mí mismo.
La escritura me sirve para canalizar civilizada y pacíficamente la indignación que me provoca la vida. La palabra es muy poderosa, o yo quiero creer que lo es. Mi vida profesional como periodista me ha convencido de ello: contar la verdad es, como poco, sanador.
Hace unos años, cuando escribí mi primera novela, me di cuenta de que la ficción, basada en hechos reales, es una herramienta estupenda para abordar la cuestión que sea con una libertad emocional que no se posee cuando se redacta una noticia o se graba un reportaje de radio o televisión. La ficción me permite acercarme a determinados aspectos emocionales, humanos, que la rigidez de los formatos periodísticos no me permite.
P.- ¿Qué es lo que le llamó la atención en la vacunación contra la COVID-19 y cómo se percató de los manejos y prioridades de la industria farmacéutica?
R.- Lo primero que me llamó la atención, en su momento, fue la rapidez con la se consiguieron las vacunas contra el COVID-19. Salieron al mercado un año después de la aparición de la enfermedad. Yo, ingenuo de mí, pensé en la inmensa suerte de tener unos investigadores tan buenos que en solo un año ya nos ofrecían no una, sino varias vacunas contra la enfermedad.
Yo pasé la pandemia como todo el mundo, con mi confinamiento domiciliario y todo lo que ocurrió, afortunadamente sin enfermar. No fue hasta tiempo después cuando me picó la curiosidad de saber cómo se había conseguido ese hito de las vacunas. Lo que me encontré no fue una gesta heroica de unos científicos listísimos e incansables, que también, sino el navajeo capitalista por las patentes de la técnica utilizada para fabricar algunas de esas vacunas. Me hubiera encantado poder entrevistar a Katalin Karicó y Drew Weissman para saber más sobre ello.
En un momento determinado, que no puedo precisar, me tope con un informe, ya no me acuerdo de qué entidad, sobre las pretensiones y planteamientos de un mecanismo ideado por la OMS para el reparto equitativo de las vacunas en todo el mundo, se llamó COVAX. En aquel informe ya se hablaba de las dificultades que se habían encontrado para hacerlo efectivo. En otros informes posteriores me enteré del fracaso del mecanismo y de los sangrantes incumplimientos de la industria farmacéutica en materia de Derechos Humanos.
P.- Después de leer “Canallas” y reconocer que nos impactó desde su comienzo brutal, hemos creído reconocer algunos arquetipos, uno del mal, que se plasma en nazis, represión fascista, capitalismo salvaje, falta de escrúpulos, mafia y asesinos, y otro del bien, que se identifica, sobre todo, con el respeto a los derechos civiles y a la libertad. ¿Es así? ¿Cómo nació la contraposición Sandra Gordaliza y el villano Karl Weber?
R.- Sí que existe la arquetípica dicotomía entre el bien y el mal. Supongo que responde a una cuestión cultural asentada en nuestra sociedad, me temo, por motivos religiosos una vez más: Dios y Lucifer, el bien y el mal, un arquetipo que se repite desde los cantares de gesta a los cómics de superhéroes. Yo, reconozco, he estructurado mi novela en base a ese arquetipo, y supongo que lo he hecho, repito, por la influencia, no se si malsana, de la cultura que he mamado.
Mi villano en esta novela es Karl Weber, un típico empresario capitalista sin escrúpulos morales de ningún tipo. Yo creo que responde muy bien a la realidad de este tipo de personajes. En toda la historia de la humanidad no ha habido ni un solo ejemplo de alguien que se haya enriquecido sin hacer daño a nadie, y pido disculpas si ha habido alguno. El capitalismo, por su propia dinámica, provoca que los millonarios no sean
seres humanos ejemplares, por decirlo suavemente.
Mi villano necesitaba su némesis que es la fiscal Sandra Gordaliza. Pensé mucho en cómo sería ese personaje en la novela. Tendría que contrastar muy contundentemente con el malo. Me sedujo la idea de que mi protagonista fuera mujer y lesbiana, en contraposición al heteropatricarcado que domina el mundo. Pero, sin duda, fue la historia verdadera de los indeseables de Castronuño, al principio de la guerra incivil
española, la que me dio las claves para crear un personaje comprometido con la verdad y la justicia contra viento y marea. El pasado no resuelto siempre vuelve, en este caso el de las 16 familias declaradas indeseables y desterradas de su pueblo vuelven en forma de personaje literario que denuncia la maldad y crueldad del ese pasaje histórico que tantos años después todavía está ahí. Es lo terrible de las injusticias, que perduran en el tiempo.
P.- A lo largo de la narración se puede apreciar una documentación de hechos verídicos exhaustiva y muy precisa que se van enlazando con trama, sin llegar al dilema sobre el huevo o la gallina ¿Qué fue antes la documentación o los personajes implicados en esos datos?
R.- Lo primero fue la documentación. Soy periodista y tengo una obsesión profesional, que ya se ha convertido en personal, por los datos, por la precisión de hechos y circunstancias. Sería incapaz de construir una historia basada en la realidad si no me apoyase en datos concretos y precisos, hechos verdaderos que tengo la convicción de que son los que le otorgan credibilidad a la trama novelada.
He comprobado que es más fácil para mi incardinar en el relato las peripecias de los personajes si antes tengo claro cuáles son los hechos que conforman la historia que quiero contar. Supongo que para otros autore la dinámica será diferente, pero la mía es esta.

P.- En su novela cita distintas organizaciones de defensa de los derechos civiles como Amnistía Internacional, Médicos sin Fronteras, OXFAM Intermon, Salud por Derecho y la propia editora de esta revista Acceso Justo al Medicamento, entre otras, ¿puede indicarlos, ya fuera de la ficción, qué opinión tiene sobre nuestro trabajo?
R.- Mentiría si dijera que conozco vuestro trabajo y que os conozco hace mucho tiempo. La verdad es que supe de vuestra existencia buscando documentos relacionados con la novela que quería escribir en torno a la pandemia y las vacunas. Supongo que si buscase en mis notas encontraría cual fue el texto, o el informe concreto, con el que me topé. Ha sido después de ese encuentro cuando he ido conociendo más sobre vuestra asociación, fundamentalmente por las recomendaciones de un buen amigo que sí os conoce mucho mejor que yo.
No me gusta regalarle los oídos a nadie, mucho menos para quedar bien. Por eso digo que sí creo que vuestro trabajo, desconocido para mí hasta no hace mucho, es importante y necesario. Ocupáis ese espacio independiente que os permite llamar a las cosas por su nombre, algo muy necesario. A la vez vuestras denuncias nos ayudan a comprender y evaluar la verdad del complejo mundo de los fármacos. Vuestro propio nombre es toda una declaración de intenciones que reivindica verdad y justicia para todos. Hacéis una labor necesaria que, como en la mayoría de las ocasiones, nunca será reconocida como se merece.
