ORIGINAL. Revista 50, Septiembre 2026.
Joan Ramon Laporte.
Catedrático emérito de Farmacología de la Universidad Autónoma de Barcelona

En 2021 la AAJM tuvo la osadía de promover la rAJM. El momento no fue casual: las patentes de las vacunas contra la covid-19, la negociación opaca de las condiciones de su compra y la inequidad planetaria en el acceso eran (y siguen siendo) objeto de escándalo y debate. El contenido de los 50 números publicados en cinco años ha sido una inusitada contribución para definir, sustentar y promover una reflexión sobre la situación actual del consumo de medicamentos, en beneficio de la salud de las personas y del sistema sanitario público.
Los artículos de investigación y las reflexiones, comentarios y propuestas publicados en la rAJM no se encuentran en la “prensa médica” promovida y sustentada por la industria farmacéutica y de productos sanitarios. Ni en las revistas médicas más respetables, abducidas por el pensamiento dominante. Como dijo José Ramón Rebollada, la rAJM ocupa “ese espacio independiente que os permite llamar a las cosas por su nombre, algo muy necesario… vuestras denuncias nos ayudan a comprender y evaluar la verdad del complejo mundo de los fármacos.” Y como escribió Fernando Lamata cuando se publicó el número 25 de la revista, este pequeño espacio de reflexión puede sembrar movimientos de cambio, decisiones políticas, posturas comprometidas de organizaciones profesionales, acciones de protesta en la ciudadanía.
El valor clínico de un fármaco depende de cómo es prescrito (a quién, cuándo, en qué dosis, durante cuánto tiempo, etc.) y de cómo es consumido. Prescribir adecuadamente un medicamento requiere unos conocimientos básicos, los cuales deben estar basados en información veraz. Por eso, para garantizar un acceso justo a los medicamentos es imprescindible un acceso justo al conocimiento sobre ellos. Sin embargo, la información sobre medicamentos es escandalosamente sesgada, cuando no directamente falsa.
Dejar que los mercaderes monopolicen la información y la formación continuada, emponzoñen las sociedades médicas y asociaciones de pacientes y dicten la mayoría de las guías de práctica clínica a su conveniencia, es una grave irresponsabilidad. En España el gasto farmacéutico supone más de una cuarta parte del gasto total del sistema sanitario. La polimedicación aumenta sin cesar: un tercio de los mayores de 65 años consume cinco o más medicamentos simultáneamente de manera continuada. Más de la mitad de los medicamentos son prescritos sin ser necesarios, en indicaciones no autorizadas, a dosis demasiado altas o durante períodos demasiado largos, cuando no están directamente contraindicados.
Este consumo caótico tiene graves consecuencias sobre la salud de la población. Una de cada siete visitas a servicios de urgencias y entre uno y dos de cada 10 ingresos en hospital son atribuibles a efectos adversos de medicamentos, lo que en España supone más de medio millón de ingresos al año. Los efectos adversos de los medicamentos constituyen una causa creciente de enfermedad, incapacidad y muerte. Se evitaría por lo menos la mitad de estos casos si se evitara la mitad de las prescripciones innecesarias.
El mercado presiona para que las personas sanas sean consideradas (investigadas, etiquetadas) como enfermas. De ahí que el acceso justo deba comprender el acceso a una información sin sesgo comercial y a la formación de un conocimiento destinado a mejorar la salud de la ciudadanía. No necesitamos más medicina, sino una medicina de mayor valor.
La cultura médica dominante en la actualidad es de orientación industrial. La crisis de la covid-19 mostró cómo el pensamiento único silencia las opiniones críticas y anatemiza las contrarias. En este contexto, la rAJM ha sido un espacio de encuentro y deliberación. Un espacio de libertad. Por eso, quiero expresar mi calurosa enhorabuena a la AAJM y al Dr. Ramón Gálvez y demás integrantes de la comisión de redacción por este recorrido de cinco años, y mi deseo de que cumplan muchos más.
