ORIGINAL. Revista nº 46 de Marzo de 2026
José Luis Pedreira Massa.
Psiquiatra y Psicoterapeuta Infancia y Adolescencia. Prof. Psicopatología, grado de
Criminología (jubilado). Prof. Salud Pública, grado de Trabajo Social (jubilado) UNED.

Introducción
El coste de los tratamientos farmacológicos se incrementa de forma constante y la industria lo justifica de formas diversas para mantener su hegemonía en la asignación del precio de venta, así como la lucha por las cuotas de mercado hacen que se desarrollen políticas de marketing agresivas comercialmente dirigidas a los profesionales de la medicina.
Parece que es una carrera al despropósito que puede poner en riesgo claro la financiación por parte del SNS en su conjunto, habida cuenta que la partida dedicada a la farmacia sustrae recursos económicos a otras partidas y la alternativa no es mejor, ya que sería incrementar el copago de los pacientes, lo que iría en detrimento de los sectores más depauperados de la sociedad.
Un factor, más frecuentemente identificado, consiste en los componentes emocionales/psicológicos que interactúan con la evaluación y, en definitiva, con el pronóstico final de los procesos, así como en cumplir el seguimiento terapéutico, respetando las pautas que le han sido prescritas y, por lo tanto, que no tenga cumplimientos irregulares o abandono terapéutico, con lo que se ensombrece el pronóstico.
En la década de los cincuenta del pasado siglo emerge una serie de conceptos acerca de la relación médico-paciente y su impacto real en el proceso de tratamiento de los diferentes procesos. El punto sensible se estudió en los procesos de evolución crónica, demostrándose que procesos con idéntico diagnóstico tenían respuestas diferentes con idénticos tratamientos. Así se investiga sobre los posibles factores que interactuaban en esta situación.
La interacción médico paciente
Las personas padecen procesos que les hacen perder la salud y deben ser atendidas por profesionales de la medicina, unos profesionales que están siendo formados en unas facultades de medicina que siguen basando su formación sobre enfermedades, habilitando a los profesionales para diagnosticarlas y, eventualmente, tratarlas. Pero no se puede olvidar que esas enfermedades las padecen personas con su historia y sus historias. La práctica profesional da una gran importancia a las evidencias científicas, una cuestión fundamental, no cabe duda, pero además se subraya las interacciones y la intersubjetividad en la que se fundamenta una confianza mutua.
Frente a este planteamiento han ido emergiendo unos valores neohipocráticos para el ejercicio profesional. Estas aportaciones neohipocráticas tienen su base en las interacciones que son tan importantes para el estímulo de la confianza y así se constituye el fundamento de las relaciones médico-paciente.
A mediados del siglo pasado XX, un profesional húngaro llamado Michael Balint se erige como el gran teórico e innovador de las relaciones médico- paciente. Este autor formula, de forma gráfica y operativa, la base de esa relación médico-paciente, que denominó como “esa droga llamada doctor”.
La demanda ante los profesionales sanitarios, según Balint, no siempre significa que está enfermo, tener un padecimiento es mucho más que una enfermedad, muchas veces el padecimiento es el “vehículo” para una súplica por carencia afectiva y/o por una solicitud de atención. Por estas condiciones, según el tipo de persona afectada, Balint describe dos tipos de enfermos:
1. Quienes “tienen un padecimiento” consideran que les ha caído una enfermedad. Agradecerán la ayuda del médico y tendrán un mejor pronóstico.
2. Quienes “están enfermos” son aquellos quienes sienten su padecimiento como parte de su vida y crecen con él; tendrán un pronóstico menos favorable.
Según la causa de la consulta médica, los pacientes pueden agruparse, según Balint, en: 1. Aquellos quienes buscan al médico por el terror que les produce desarrollar una enfermedad y 2. Aquellos que desean mantener un buen estado de salud y continuar del todo asintomáticos.
Esa droga llamada doctor
Ante estas condiciones que se articulan en la solicitud de consulta médica, esa “droga llamada doctor” debe desempeñar una serie de funciones bien diferenciadas de los tratamientos farmacológicos de entrada:
1. Ayudar a percibir algunos de los componentes psicológicos que entraña toda relación médico-paciente, tanto por parte del consultante como por parte del profesional.
2. Proporcionar apuntes sobre cómo ayudar a orientar esos componentes psicológicos de la relación de forma que resulten favorables para la salud (entendida a nivel biopsicosocial).
3. Aportar elementos de formación psicológica y psicosocial a los profesionales sanitarios del grupo.
4. Ayudar a que el profesional pueda identificar y tener en cuenta alguno de los problemas o conflictos personales que interfieren la práctica médica.
5. Sensibilizar al participante sobre la importancia que los elementos anteriores poseen para el bienestar personal y profesional en la práctica médica.
6. Favorecer procesos adecuados de derivación del usuario hacia ayudas psicoterapéuticas y psiquiátricas, cuando ello se haga necesario.
Para Balint, el médico general utópico tendrá las características siguientes:
- Se dejará impresionar menos por el médico de hospital o superespecialista.
- No aplicará automáticamente los métodos de hospital a su práctica de consultorio.
- No hará historias clínicas de listas de preguntas.
- Reconocerá el peligro de “descartar por exploración física apropiada”.
- Aprenderá que las enfermedades de hospital son solamente “episodios de una larga historia”.
- Reconocerá que los episodios son solamente uno de los muchos padecimientos que “le ofrece” su paciente.
- Sabrá comprender lo que es “colusión de anonimato” y “perpetuación de la relación profesor-alumno”.
- No tendrá que perder tiempo haciendo preguntas, sino que podrá escuchar al paciente.
- No se sentirá satisfecho con un diagnóstico “superficial” sin alcanzar el “profundo”.
- Tratará de solucionar el problema antes de que el paciente “organice” su padecimiento.
- Sabrá cuando tratar el padecimiento “clínico” y cuando escudriñar el conflicto.
- La comunidad habrá aprendido a esperar un examen clínico y además psicológico, en la consulta.
- Creará una real farmacopea de la “medicina médico” con su “función apostólica”.
- El especialista será un asistente experto y no un tutor superior.
- Sabrá cuándo permitir al paciente la regresión y cuándo exigirle madurez.
Balint ofrece algunas recomendaciones al médico general para mejorar su actividad psicoterapéutica y lo hace para afrontar el abordaje integral que comprende contemplar los funcionamientos psicológicos de los padecimientos a la hora de planificar el tratamiento. Para ello, Balint aborda las dimensiones de la formación psicológica de los médicos y poderlo incluir en consultas de poco tiempo, de esta suerte se podría integrar este tipo de abordajes integrales en el seno de consultas de “seis minutos”, puesto que el médico general suele tener varias consultas sucesivas y podría “dosificar” tanto la semiología como el tratamiento, a diferencia de los superespecialistas o de los médicos de hospital:
- Nunca ofrecer consejo o apoyo si no se sabe cuál es el problema real del paciente.
- El médico debe tomar la iniciativa, pero el paciente debe ser un cooperador activo.
- Si se hacen preguntas tipo historial clínico solamente se recibirán respuestas simples,
- El médico debe desarrollar la habilidad de escuchar, pero esto requiere un cambio trascendente de su personalidad.
Para llevar a cabo esta nueva dimensión Balint recomienda una formación grupal de los médicos de atención grupal, estos grupos son algo más que un grupo de discusión e incluyen contenidos emocionales que se ponen en marcha en la consulta médica. Así, en el grupo se exponen casos habituales por parte de los médicos con dos contenidos: los padecimientos de los pacientes y las dificultades del médico que expone el caso ante esa consulta. Todos los integrantes del grupo abordan esos contenidos en el grupo y el coordinador grupal, del campo de la salud mental, los va señalando y la estructura de esa demanda, incluyendo los aspectos psicológicos que se ponen en marcha.
A estos grupos de formación y abordaje grupal se les ha denominado “grupos Balint” y tienen indicación tanto en Atención Primaria como en Atención especializada, tanto en consultas cotidianas como en determinadas especializadas, como pueden ser los procesos oncológicos o afecciones crónicas. Desarrollar las indicaciones y modalidades de intervención que superen la presencia física de profesionales de salud mental y que pretenden desarrollar estas habilidades en el propio profesional médico, para reconocer que se posee esa característica de “droga llamada doctor”.
¿Se han desarrollado programas de este tipo en España? Este autor nconoce dos experiencias continuadas a lo largo del tiempo: en Barcelona lo desarrolló el Dr. Jorge Luis Tizón y en Madrid lo lideramos desde mi equipo.
El trabajo que tuve el placer de liderar dentro de un programa de calidad tenía dos programas previos: en el año 1981 con el servicio de nefrología pediátrica, con la propuesta del Dr. Sánchez Bayle. En Asturias, lo desarrollamos en Atención Primaria en el Area 3, cuyo resultado fue la publicación de un manual de salud mental en atención primaria pediátrica en el año 1995. Con esta experiencia se elaboró un programa de calidad en Madrid, fue destinada a atención primaria pediátrica en Madrid capital y en el ámbito rural; el resultado fue bueno tras un año de trabajo conjunto: las derivaciones a salud mental disminuyeron en un 25% y las prescripciones de farmacología disminuyeron en un 31%.
“Esa droga llamada doctor” existe, es abordable y tiene resultados de impacto, pero no se puede olvidar que precisa de una formación clara y específica en estas tareas, una formación que supera las preguntas o las recetas, sino que se basa en elaborar la comprensión de las tareas y llevarlas a cabo de forma activa, contando con la supervisión adecuada y durante el tiempo preciso. Se puede implementar con la metodología de investigación-acción y dentro de las actividades en el seno del horario laboral.
No consiste en incluir a un profesional de la salud mental en la consulta del médico, general o especialista, sino en que los profesionales de la salud mental contribuyan en desarrollar estas habilidades psicológicas a los médicos, generales o especialistas, para que sean ellos mismos los que valoren y desarrollen esos nuevos contenidos en su práctica habitual.
Bibliografía
– Balint, M. (1964): The doctor, his patient and the illness. London: Churchill Livingston.
– Balint, M. (1965): A study of doctors. London: Tavistock Publications.
– Balint, E, Balint, M. & Norell, J.S. (1999): Six minutes for the patient: Interactions in general practice consultation. London/New York: Tavistock Routledge.
– Pedreira Massa, J. L. & Flórez Lozano, J. A. (1994): Interacciones en la relación paciente-profesionales en el sistema sanitario. Medicina Integral, 23, 5: 209-217.
– Pedreira Massa, J. L. (1995): Protocolos de Salud Mental infantil para Atención Primaria de Salud. Madrid: Arán Editores, S.A.
– Pedreira Massa, J.L. (2006): Habilidades de comunicación con el paciente pediátrico: Comprendiendo al niño enfermo. Madrid: Just in Time, S.L.
– Pedreira, J.L. & Martín, L. (2006): Improving the quality of child and adolescent mental care services in Madrid Region: An approach to a model coordinating primary health care and specialized care. Cardiff: ESSOP,
– Pedreira, J.L. & Martín, L. (2007): A best practice model: Implementation and evaluation of a program coordinating primary health care and specialized care. Trieste: ESSOP,
– Pedreira Massa, J.L. (2009): Troncos y colegas: La comunicación con el adolescente en la consulta de salud. Madrid: Ed. Justin, S.L.
– Raimbault, G & Zygouris, R. (1991): L’enfant et sa maladie. Toulouse: Editions Prtivat.
– Schavelzon, J. (2004): Psiconcología: Principios teóricos y praxis para el siglo XXI. Buenos Aires: Letra Viva.
